La gran fuga de "El Semanal"

 

No sé quién inventaría la expresión “cultura de suplemento dominical”, pero no está mal pensada: tradicionalmente los suplementos de fin de semana de los periódicos nos ofrecen reportajes y artículos de fondo que proporcionan una información amena y accesible sobre muchos temas que si no fuera por ellos nos resultarían completamente desconocidos. Pueblos exóticos, descubrimientos científicos, grandes acontecimientos políticos... por supuesto, los suplementos dominicales no los tratan con la profundidad y el rigor de las publicaciones especializadas, pero hay que reconocerles el mérito de acercarnos a ellos; de proporcionarnos, aunque sea en dosis reducidas y fáciles de digerir, un poquito de cultura.

Salvo en el caso de “El Semanal”, por supuesto.

“El Semanal”, suplemento dominical distribuido por un buen número de periódicos españoles, ha optado por un camino completamente distinto: rara es la semana en la que no nos ofrece algún reportaje que, en lugar de intentar ilustrarnos sobre la realidad que nos rodea, nos cuenta una majadería paranormal. Las profecías de Nostradamus, los ovnis, la astrología... nada escapa a la curiosidad de los reporteros de “El Semanal”, que por lo visto, conscientes de que no pueden aspirar a competir con “Nature”, “Science” o la “Revista de Occidente”, intentan con todas sus fuerzas desbancar a “Más Allá” o “Año Cero”.

Pongamos por caso el reportaje publicado el pasado 4 de abril bajo el título “La Gran fuga del Reich”. A pesar de presentarse como “Historia”, el artículo constituye toda una lección de pseudohistoria. O quizá de “historieta”, porque eso es más o menos lo que nos cuenta: firmado por Paula A. Baccaro, el reportaje parte de una base real, la fuga a Argentina en 1945 de los submarinos alemanes U-530 y U-977, para especular con la posibilidad de que Hitler, Eva Braun y con otros jerarcas nazis hubieran huido de Alemania a bordo de ellos.

A decir verdad, Paula A. Baccaro no se atribuye el mérito de haber inventado esta hipótesis: se limita a reflejar las conclusiones que dos periodistas argentinos, Juan Salinas y Carlos Di Napoli, han publicado en su libro “Ultramar Sur, la última operación secreta del Tercer Reich”, una obra que culmina una larga investigación que ha arrojado datos como que el U-977 llegó a Argentina con una tripulación incompleta (faltaban dieciséis hombres), o que “el contenido de los interrogatorios [de los tripulantes] fue declarado secreto”, lo cual alimenta las sospechas de que esas “16 plazas libres” fueran ocupadas por altos cargos del régimen nazi. Datos reales, ciertamente, pero no tan misteriosos; la investigación de Salinas y Di Napoli no ha debido ser tan exahustiva si no han descubierto que esos interrogatorios fueron desclasificados hace ya muchos años, y que su contenido permite conocer la razón de que la tripulación del U-977 no estuviese completa: al conocer la noticia de la rendición de Alemania, los dieciséis tripulantes casados decidieron abandonar el buque a la altura de Bergen, en Noruega. Un dato confirmado por los registros de prisioneros de guerra: los dieciséis tripulantes fueron capturados e internados por las tropas británicas.

Y si de este y otros muchos “patinazos” se deduce que la hipótesis de Salinas y Di Napoli no está precisamente bien fundamentada, también hay que decir que no es ni mucho menos nueva: la leyenda de la huida de Hitler y otros jerarcas nazis a bordo de aquellos submarinos ha sido repetida en innumerables ocasiones. Añadiendo muchas veces detalles del más puro desmadre ufológico: desde que su destino fue una base secreta situada en la Antártida (tras lo cual los tripulantes de los submarinos, no se sabe si para despistar o por pura imbecilidad, se fueron a Argentina a entregarse) hasta que la carga de los U-530 y U-977 incluía no sólo a los peces gordos del nazismo, sino también piezas, motores y mecanismos con los que los científicos del Reich se pusieron a fabricar platillos volantes. En definitiva, una historieta desquiciada que ninguna revista seria se dignaría a reflejar en sus páginas.

Pero sí “El Semanal”. Que debe estar intentando crear un nuevo estilo: el de la “incultura de suplemento dominical”.

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IV/04