
El Estilita
Más que un par de letras
(Publicado en el diario Información el 31-08-03)
Es muy probable que
el nacimiento de la astrología como superstición estuviese ligado a la
aparente facilidad con que los primeros estudiosos de las estrellas podían
predecir los acontecimientos celestes. No todos, claro: antiguamente no había
instrumentos que permitieran descubrir un cometa antes de que fuese visible a
simple vista, por ejemplo. Y ni siquiera hoy día podemos estar seguros de si
ese nuevo cometa nos dará un espectáculo tan glorioso como el de aquel Hale-Bopp
que llenó los cielos de hace algunos años, o resultará un fiasco como el del
LINEAR-4, tan prometedor que al principio los astrónomos hacían apuestas sobre
cuánta luminosidad llegaría a alcanzar, y tan frágil que al poco tiempo las
apuestas eran sobre en cuántos pedazos acabaría roto. Y aún hay
acontecimientos seguros pero inciertos, de modo que nadie puede predecir cuándo
será visible la próxima explosión de supernova (aunque se sabe que se
producirá), o cuándo ocurrirá el próximo fiasco de una misión de la NASA
(que, en vista de la gestión de la agencia espacial norteamericana, también
sabemos que sin duda se producirá).
Pero, en cambio,
otros acontecimientos sí que son muy fáciles de predecir. Eclipses,
conjunciones, alineaciones, oposiciones... dependen únicamente de los
movimientos, mecánicamente regulares, de una serie de objetos celestes
visibles, y aunque antiguamente no se conocían las leyes que rigen esos
movimientos, una paciente observación y una laboriosa deducción permitían
elaborar tablas de efemérides válidas incluso para varios siglos.
Predecir que estos días
Marte y La Tierra se encontrarían en su máximo acercamiento era, por tanto,
relativamente fácil: al fin y al cabo, son dos objetos con trayectorias
conocidas y prácticamente inmutables, de modo que sólo hace falta un poco de
matemáticas para realizar los cálculos, y cualquier astrónomo profesional los
podría hacer casi con los ojos cerrados. Pero hay otra predicción que está al
alcance incluso de los astrónomos aficionados recién iniciados. No precisa
conocer las leyes de Kepler, ni saber resolver ecuaciones. Y ni siquiera es
necesario mirar al cielo para hacerla: basta echar un vistazo aquí, a La
Tierra, y tener la memoria suficiente para recordar lo que ha ocurrido en
ocasiones semejantes.
Y es que siempre,
siempre que se produce algún acontecimiento celeste llamativo, algunos medios
se las arreglan para confundir astrología con astronomía.
Algunas veces, la
confusión es deliberada, como cuando noticiarios televisivos supuestamente
prestigiosos nos traen a algún astrólogo para explicarnos si el próximo
eclipse solar tendrá o no maléficas influencias astrales. Cosa que el charlatán
de turno suele negar categóricamente, porque lo que sucede es justamente lo
contrario: un acontecimiento así suele tener consecuencias muy beneficiosas, al
menos para su bolsillo, gracias a la propaganda gratuita que le proporciona la
ocasión. Pero la mayoría de las veces se trata simplemente de eso, de una
confusión, un error: estos días, por ejemplo, algunos periódicos han
encabezado las informaciones sobre Marte como “astrología” (y, la verdad,
por los disparates que se podían leer en algunas de ellas, puede que no
anduviesen del todo desencaminados). Y hasta el telediario de TVE, que ofreció
una información bastante digna del acontecimiento, cometió el patinazo de
presentarnos a un astrónomo del Instituto Astrofísico de Canarias como “astrólogo”.
Y eso no, por favor.
Tengamos las cosas claras: la astronomía y la astrología guardan entre sí la
misma relación que la medicina con el curanderismo, la antropología social con
el tarot, o periodismo riguroso con las revistas sobre ovnis. La diferencia no
son sólo un par de letras: un astrónomo se dedica al estudio científico de
los fenómenos celestes, y eso no tiene absolutamente nada que ver con la
creencia en la influencia de los astros sobre nuestras vidas. Y aunque creer en
la astrología sea tan respetable (o tan poco respetable) como creer en pitufos
o en hadas, a los astrónomos les molesta enormemente que confundan su
disciplina científica con una simple superstición.
De modo que si
conocen ustedes a algún astrónomo y lo encuentran estos días de peor humor
que de costumbre, no le echen la culpa a la astrología, sino a la ignorancia.
Aunque, bien mirado,
vienen a ser más o menos lo mismo...
II/04