El Estilita

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Alternativos

(Publicado en el diario Información el 19-10-03)

 

Emily Rosa tenía solo ocho años cuando saltó a la fama como investigadora. Armada con una cartulina negra y un montón de sentido crítico, Emily sometió a prueba a los practicantes del llamado “Toque Terapéutico”, que consiste en la supuesta curación mediante el contacto físico y los pases más o menos mágicos sobre el cuerpo del paciente. Según sus defensores, con solo aproximar sus manos estos “terapeutas” pueden medir el “aura energética” de las personas y canalizarla para curarles las más diversas enfermedades. Según demostró Emily, en realidad no son ni siquiera capaces de detectar un brazo si no lo ven.

A pesar de lo cual, por supuesto, el “Toque Terapéutico” sigue practicándose en Estados Unidos y en otros muchos países, con resultados que según los estudios clínicos son sanitariamente nulos, pero que económicamente sin duda son muy rentables para sus practicantes. El auge de las llamadas “medicinas alternativas” (que la mayoría de las ocasiones tienen poco de “alternativas”, y absolutamente nada de “medicinas”) sigue en aumento, y ya en el año 2000 el entonces Presidente norteamericano Bill Clinton tuvo que crear una Comisión Especial de la Casa Blanca para el estudio de estas prácticas. La Comisión fue creada a imitación de otras ya existentes, como la NCCAM de Iowa, y sus resultados han sido similares: compuesta por partidarios de este tipo de “terapias”, hasta ahora sus recomendaciones han consistido básicamente en pedir cada vez más dinero para nuevas investigaciones, y solicitar que la administración pública norteamericana acepte todo tipo de disparates pseudomédicos aun cuando no hayan sido sometidos a estudios clínicos, o incluso a pesar de que estos hayan demostrado que sus tratamientos son perfectamente inútiles.

Podríamos pensar que, afortunadamente, la situación es distinta en España. Los sistemas públicos de salud no incluyen ninguna de estas terapias dudosas, y nuestras autoridades sanitarias y colegios médicos velan para que se queden en la marginalidad. De modo que si uno elige un tratamiento a base de piedrecitas de colores, conjuros más o menos místicos o imaginarias canalizaciones energéticas lo hace porque le da la gana y no porque haya ningún respaldo oficial a esas majaderías. ¿Verdad?

Pues no tan verdad. Aquí mismo hemos podido leer hace pocos días que un Ayuntamiento ha organizado un curso gratuito de “Chikung”, que viene a ser lo mismo que el “Toque Terapéutico” pero con nombre oriental, que queda muchísimo más “chulo”. Algunos Colegios de Médicos van acogiendo la práctica de disciplinas como mínimo dudosas, como la acupuntura o la aromaterapia. Y no han faltado los grupos políticos que han pedido que la Sanidad Pública de alguna Comunidad Autónoma financie la homeopatía, incluso después del monumental escándalo que se formó en Australia cuando una inspección sanitaria comprobó que las empresas fabricantes de medicamentos homeopáticos, conscientes de que realmente solo vendían agua destilada, no se molestaban ya en hacer las tinturas, disoluciones, sucusiones y demás conjuros místicos. El escándalo continuó con el descubrimiento oficial de que la inmensa mayoría de los medicamentos “alternativos” no cumplían con las condiciones sanitarias mínimas y a veces ni siquiera contenían las hierbas y principios activos que decían contener. Siguió cuando, a su vez, los consumidores que habían abandonado estas terapias por miedo a los medicamentos mal fabricados descubrieron que no solo no empeoraban, sino que incluso mejoraban de sus males (“nos están vendiendo poco menos que agua con colorines”, dijo un diputado). Y finalizó cuando todo el inmenso mercado de las “terapias alternativas” se vino abajo, para bien de los enfermos.

Pero claro, de ese escándalo aquí no nos han llegado ni los ecos. De modo que seguimos con los cursillos, los intentos de pagar estas prácticas supersticiosas a costa de la Seguridad Social o la distinta vara de medir (¿sabían ustedes que, de acuerdo con la legislación española, todos los medicamentos tienen que demostrar que sirven para algo excepto los homeopáticos?).

Y luego se ríen porque Paco Porras me haya recetado un mejunje para el pelo por la televisión. Si eso es solo la punta del nabo. Perdón, del iceberg.

 

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II/04